Alemany Bori, José

José Alemany Bori

José Alemany Bori (Blanes, 1895- Provincetown, EE. UU., 1951) Fotógrafo y psicólogo catalán.

Biografía

Perteneciente a una familia de la burguesía con intereses intelectuales y nacionalistas, durante su período de educación, recibió la influencia del espíritu noucentista imperante en la Cataluña de la época. Fue un apasionado de la literatura, además de políglota. Desde joven se implicó en organizaciones políticas y culturales relacionándose con personajes como Eugenio D’Ors. Su ideología nacionalista, republicana y pacifista hará que marche de España en 1915 al ser llamado a filas con rumbo a los Estados Unidos, si bien pese a su exilio, nunca perderá contacto con Cataluña y mantendrá correspondencia y colaborará con intelectuales como Francesc Cambó o Josep Pijoan.

En EEUU estudió psicología en la Universidad de Columbia, compaginando la carrera con la docencia, dando clases de literatura y lengua española en la Universidad de Siracusa . En esos años, Estados Unidos era un centro artístico innovador donde coincidían artistas europeos y americanos como Man Ray, Marcel Duchamp o Alfred Stieglitz, cuya figura tenía un peso especial gracias a su revista de fotografía Camera Work y a las exposiciones que organizaba en la galería de arte 291. Alemany era un apasionado de este mundo, además de un ávido lector y políglota, lo que le decidió a adentrarse en ese ambiente cultural y relacionarse con personajes como Albert Einstein, Bertrand Russell o el compositor Igor Stravinsky.

Residió en San Francisco y Nueva York, donde conocerá a Alta Costen, su mujer. Su matrimonio en 1924 hará que se quede definitivamente en Estados Unidos. En 1926 se estableció en Pittsburg, siendo profesor de lenguas modernas y sociología en el Carnegie Institute of Technology.

Residir en Pittsburg será clave para él. En los años 30 esta ciudad es la sede de la Photographic Society of America, dedicada a fomentar la fotografía entre diferentes clubs norteamericanos lo que le permite introducirse en ese ambiente.

A principios de los años 30 escribe artículos sobre arte, literatura y la vida americana para La Veu de Catalunya de Barcelona. Colabora con The New York Times, The Pittsburgh Press, The Boston Herald, España Republicana de Nueva York así como revistas españolas de Buenos Aires, Santiago de Chile o La Habana

Se centró en la fotografía a partir de la década de los 30. En 1935 participa en el Segundo Salón de Miniature Cámara de Filadelfia. Su obra es seleccionada en diversos certámenes y exposiciones del Camera Club de América. Al estallar la Guerra Civil española da conferencias a lo largo de Estados Unidos con un discurso antifascista y a favor de la República. Es nombrado presidente del Comité Norteamericano de ayuda a España para Pittsburgh.

Entre 1936 y 1939 se centra en su actividad como fotógrafo exponiendo en salones de Pittsburg, Filadelfia, Minneapolis… Es incluido en el libro “Quien es quien en la fotografía pictórica mundial”. En 1938 viaja a Francia coincidiendo con la primera exposición internacional del Surrealismo en París. Por su formación universitaria, Alemany conocía el movimiento y la obra de Sigmund Freud, pero será a partir de 1939 que su obra tendrá un aire más surrealista. Su obra es seleccionada para salones nacionales e internacionales como los de Amberes, Copenhague, Boston, Filadelfia, Pensilvania…Pasa los veranos en Provincetown, reflejando su paisaje de dunas, arena y agua. Allí se relaciona con artistas como Hans Hofmann, maestro de la Escuela de Nueva York.

En 1951 muere prematuramente en Provincetown.

En el Museo Nacional de Arte de Cataluña se conservan dos obras suyas From the right bank of the Alleghaby y otra sin título, ambas fechadas en la década de los 30.

 

Exposición: Memoria y olvido. José Alemany

Madrid, 31 de marzo de 2004

Sabemos muy pocas cosas sobre José Alemany (Blanes 1895 – Provincetown 1951). Casi nada sobre su vida, su personalidad y su obra, pero, en realidad, sabemos lo suficiente como para rescatarlo del olvido y comprender la importancia y significación del hombre e intelectual que encarnó. A través de sus fotografías, José Alemany entendió hacia dónde caminaba la modernidad. Cultivó aquellas tendencias estéticas que marcaron la renovación de la fotografía del siglo XX y que la convirtieron en una expresión artística equiparable a la pintura. Tal y como hicieron Man Ray o Alfred Stieglitz, artistas que influyeron en la obra de Alemany, el fotógrafo español aplicó en sus imágenes los preceptos vanguardistas que le llevaron a experimentar con la fotografía. Puso en práctica efectos visuales como los fotomontajes, veladuras, abstracciones, juegos de luz y sombra a partir de la captación de paisajes, objetos, retratos femeninos y estructuras industriales, entre otros temas. Hijo de un intelectual catalán, José Alemany nació en Blanes, aunque pasó su niñez en Barcelona. Más tarde, pero siendo aún muy joven, el fotógrafo se trasladó a Estados Unidos, país en el que desarrolló toda su trayectoria profesional.
La Sala de Exposiciones de la Fundación “la Caixa” en Madrid presenta la primera retrospectiva dedicada a José Alemany con el objetivo de dar a conocer en España la trayectoria vital, artística e intelectual de este fotógrafo a través de las casi 300 fotografías que conforman la muestra y que se caracterizan por su contenido emotivo, sugerente e inquietante.

La exposición Memoria y olvido. José Alemany, organizada y producida por la Fundación “la Caixa”, y comisariada por Adelina Moya, se podrá ver en la Sala de Exposiciones de la Fundación “la Caixa” en Madrid (Calle Serrano, 60) del 2 de abril al 30 de mayo de 2004.

Hombre inquieto y culto, José Alemany Borí desarrolló en la primera mitad del siglo XX una destacada pero absolutamente desconocida trayectoria fotográfica, en un momento en el que este ámbito del arte estaba sufriendo un proceso de renovación que abarcaba desde el sistema de producción de la imagen hasta su estética y sus temas. Alemany fue un fotógrafo ecléctico que siguió la variedad de tendencias estéticas con las que convivió y cultivó las influencias de la mejor fotografía de su tiempo.

La muestra Memoria y olvido. José Alemany es un avance de la investigación en proceso sobre su obra, totalmente desconocida en su país de origen y muy poco conocida en Estados Unidos, donde vivió la mayor parte de su vida. Adelina Moya, comisaria de la exposición, ha realizado un cuidado trabajo de investigación centrado en la reconstrucción biográfica de Alemany, la contextualización histórica de su obra y su catalogación, ya que hasta el momento no se conocía ningún estudio publicado sobre el artista.

La exposición está formada por cerca de 300 fotografías que han sido clasificadas a partir de la diversidad temática, estilística y técnica, y que se muestran a partir de siete ámbitos: Dunas y paisaje, Alrededor del Surrealismo, Flores-naturaleza, Retrato, Fotogramas, Pittsburgh y Nueva York, y finalmente, El mar.

La fotografía de José Alemany y su contexto histórico

A finales del siglo XIX la fotografía, todavía eclipsada por la pintura, intentaba imitar el naturalismo pictórico que imperaba en la época, asumiendo que se trataba de un artificio técnico no comparable con el arte pictórico. Sin embargo, entrado el siglo XX las cosas cambiaron. Las vanguardias artísticas y la ruptura de los tradicionales cánones estéticos produjeron una renovación de la fotografía en el espacio cultural de Occidente: de documento histórico, de mimesis, la fotografía pasó a ser un objeto estético, una “invención”, y no una mera “representación” de la realidad. En este marco se sitúa la fotografía de José Alemany, cuya obra recoge diferentes influencias.

Pese a que muchas de sus fotografías carecen de fecha, la mayor parte de su producción se sitúa entre los años 1935 y 1942-45. Es en este momento cuando Alemany expuso habitualmente en los salones del Camera Club. En este sentido, la principal actividad fotográfica con intenciones artísticas en Estados Unidos durante los años veinte y treinta se realizó en sociedades y clubes de fotógrafos aficionados. La sede del Camera Club estaba en Pittsburgh (EE UU), donde residió José Alemany la mayor parte de su vida, y sus miembros eran fotógrafos aficionados, técnicos o científicos de Estados Unidos y Canadá. Su rápido éxito se reflejó de modo inmediato, pues se le incluyó en el “Quién es Quién de la fotografía pictórica mundial”, como uno de los seis fotógrafos de Pittsburgh. Y entre 1938 y 1940 fue seleccionado para exponer en los Salones nacionales e internacionales de Amberes, Boston, Copenhague, Filadelfia, Minneapolis y Pennsylvania, entre otros lugares.

La fotografía de José Alemany se caracteriza por un cierto eclecticismo. Algunas de sus imágenes denotan su vinculación con la corriente pictorialista, movimiento que nació de la competencia entre la fotografía y la pintura con la intención de equiparar la fotografía a las demás formas artísticas. En el ámbito estético, esta escuela rechazaba la representación de la realidad a fin de disfrazar la imagen y esconder, así, su origen fotográfico. Pero el pictorialismo evolucionó, como lo hizo la obra de Alemany. La fotografía pictórica comenzó a permitir la introducción de temas más contemporáneos como los rascacielos, automóviles, etc. Aparecieron efectos visuales atrevidos, con referencias a la abstracción y al surrealismo, en definitiva a las vanguardias que imperaban en el mundo del arte del momento y que empezaban a aplicarse en un soporte que aspiraba a ser equiparado a la pintura. En este sentido, es reveladora la crítica que Jeanette Jena publicó en el Post Gazette de Pittsburgh en abril de 1937. A partir de este escrito, en el que se afirma la equivalencia entre pintura y fotografía como expresión de emociones, se puede dilucidar una idea bastante exacta del trabajo de Alemany, artista que apostó claramente por la modernidad:

Esta semana ha abierto sus puertas (…) una exposición largamente esperada de José Alemany. Se muestra la extraordinaria obra de este español, profesor del Carnegie Tech, que ha convertido la cámara en una vocación (…) nos permite observar, por ejemplo, unos estudios con la cámara que poseen la suavidad de las litografías, mientras que otros resultan incisivos como los grabados. Y no se trata de copias de estos soportes, también parcialmente mecánicos, sino de obras realizadas con el mismo sentimiento creador (…)observamos una variedad de tratamientos que permiten adecuarse a cada tema: estudios florales que poseen la delicadeza del pastel, casas dotadas del solitario realismo de un Hopper, abstracciones envueltas en la misma atmósfera extraterrenal que caracteriza a la escuela surrealista.

José Alemany rechazó el servilismo de la fotografía respecto a la pintura. Al contrario que los pictorialistas tradicionales, que consideraban el negativo casi como un mero punto de partida para sus elaboraciones, Alemany pensaba que la fotografía transmitía sin mediación la emoción del fotógrafo ante una situación concreta y que muchas veces era consecuencia simplemente de saber mirar. Consciente de que el fotógrafo disponía de una variedad infinita de instantes, temas y situaciones, prefería la fotografía como transmisión directa del referente, sin reelaboración, que llamaba honesta, directa o straight. No se desprendía de más negativos que los absolutamente malos.

Alemany llevaba a cabo una fotografía más experimental, en la que las formas de la imagen creaban espacios y la luz dialogaba con la sombra, un estilo que no se puede entender sin la influencia que ejercieron algunos de los fotógrafos más destacados de la época. Alemany conocía bien la obra de Alfred Stieglitz, Edward Steichen, Edward Weston o Anselm Adams, que iniciaron su dedicación a la fotografía como pictorialistas, para después encontrar su propio camino. Man Ray fue el principal exponente de la fotografía de vanguardia, que incorporó los principios del espíritu dadá y, posteriormente, del surrealismo, que tanto influyeron en la obra de José Alemany.

El artista, que había estudiado Psicología en la Universidad de Columbia, y que había dado una conferencia sobre psicoanálisis en el año 1923 en Nueva York, conocía bien el movimiento surrealista, aunque su obra más específicamente surrealista está firmada en 1939. Alemany sabía que la imagen fotográfica, por su elevada credibilidad, perturba la visión cuando registra ciertos motivos tabú, que disparan los miedos inscritos en el subconsciente. Desde la pura objetividad, José Alemany linda con lo surreal en escenificaciones de maniquíes, juguetes, objetos naturales como conchas, fruta, etc. que fotografió sobre fondo oscuro, mostrando su otra realidad.
Alemany experimentaría también con nuevos lenguajes, como por ejemplo la abstracción, en la línea de fotógrafos como Francis Brugiere y Aaron Siskind.

La vida extraordinaria de José Alemany

José Alemany Borí nació en Blanes (Girona) el 15 de febrero de 1895, donde su padre era conocido como escritor. Siendo muy pequeño su familia se trasladó a Barcelona, donde se matriculó en la Escuela Municipal de Arte entre 1905-1906. Desde joven sabía inglés y francés, lenguas en las que escribiría, además de castellano y catalán, su lengua materna. También sabía italiano y portugués, tenía nociones de alemán y conocía el esperanto.
Su padre, Josep Alemany i Borràs, era director de una revista ilustrada y posteriormente tuvo el cargo de secretario del Consejo en La Il·lustració Catalana entre 1903 y 1934. De manera que, como diría mas tarde, creció entre un mar de fotógrafos.
Pacifista convencido, al ser llamado a filas el 2 de diciembre de 1915, huyó de España, aunque no sabemos por qué, en las noticias sobre su vida se dirá que partió en 1917. José Alemany huyó en un barco que se dirigía a Estados Unidos.
En Norteamérica, Alemany salió adelante como profesor universitario. Tras pasar por diferentes universidades, se estableció definitivamente en la ciudad industrial de Pittsburgh, donde enseñó idiomas e impartió Relaciones sociales (1941) en el Carnegie Institute of Technology.
Su matrimonio con la estadounidense Alta Costen en 1924, con la que tuvo un hijo, fue decisivo para quedarse en EE UU, donde combinó su labor de profesor con la de escritor de prensa, a la vez que conseguía un importante renombre como fotógrafo a partir de sus primeras exposiciones en 1935. Sin embargo, Alemany nunca rompió sus lazos con España, país al que viajó en varias ocasiones durante la República para visitar a sus familiares. Del mismo modo, viajó a diversas ciudades europeas, en varias ocasiones, con motivo de alguna de sus exposiciones.
Alemany escribió incesantemente colaboraciones en la prensa catalana y americana. Colaboró en un sinfín de publicaciones periódicas como The New York Times, The Pittsburgh Press, The Pittsburgh Post Gazette, The Boston Herald, The Boston Transcript, La Veu de Catalunya de Barcelona y España Republicana de Nueva York, entre otros.
Durante la guerra civil española fue un activo militante antifascista dando conferencias, organizando actos para recaudar dinero, moviéndose entre los centros catalanistas de Estados Unidos y el Comité Antifascista Norteamericano.
Poca cosa más se sabe de los últimos años de su vida. Inesperadamente, el 21 de julio de 1951 su mujer, Alta Costen, notificó a sus cuñadas la repentina muerte de su esposo en la ciudad costera de Provincetown on Cape Cod, donde pasaba los veranos con su familia y donde fue enterrado.

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